segunda-feira, 5 de abril de 2010

Pregón Taurino de Sevilha - o magistral discurso de Francis Wolff



"¡Sevilla, Sevilla! El centro del mundo en Domingo de Resurrección. El nombre de la tierra prometida del Toreo. Silencios escalofriantes que escuché en el albero de la Maestranza. La corrida de toros no es sólo una obra trágica sino un arte total. La Tauromaquia está por encima de de cualquier arte porque es verdadera. El arte del instante que dura. Arte de la realidad efímera. Soñamos despiertos cuando la verdad se hace obra. Otras artes aspiran a volverse tan reales como el toreo sin dejar de ser imaginarios. En Sevilla se encuentra la alianza entre el arte y la realidad.

Nimeño II, primer gran torero francés. Pasaron varios siglos para que un torero francés, Sebastián Castella, cortara dos orejas en 2006 en Sevilla. El torero sufre el miedo primero y luego llegan los honores. Pero el mundo del pregonero es al revés. Han atravesado los siglos conceptos que contemplamos cada tarde en la arena. Los toreros también son miles de cosas y son hombres como usted y como yo. Sin embargo, durante unos minutos milagrosos, son el torero encarnado, allí mismo, en la arena frente a nosotros. Vemos la misma idea de torero sin haber leído a Platón.

¡Torero, torero! La tauromaquia es platónica. Está delante de nosotros un torero grande para siempre. No conocemos caso alguno de un hombre de carne y hueso al que le vivan. El Tato y Pepín Liria rivalizaron en heroísmo en 1997 en la Maestranza. Otro filósofo, Aristóteles, dijo que el bien supremo al que se puede aspirar es aspirar a todas sus posibilidades. Los aficionados conocemos al toro bravo que expresa toda su potencia en el ruedo, donde bravura se actualiza. La bravura de pasiva se vuelve activa. Esto es lo que nos descubre el toro precisamente. El ruedo es el territorio lleno de vida en donde el toro libra su último combate para defender su libertad que siempre le ha sido suya.

En el niño se encuentra el origen del arte con la plastilina, un material natural en donde hace su propio mundo. El toreo da forma a la materia. En la lucha contra el toro, su aliado es el toro, que es el material de su arte, sometiendo la embestida de un animal bravo contra su propio instinto. El arte puede ser un simple, inmenso, eterno pase de un natural que apenas deje en la arena. Aquel natural de Fernando Cepeda perduró en nuestra cabeza 8 años, hasta que Talavante lo prolongó aún más. El toreo incluye la forma, el ritmo, el tiempo. Morante, en cada serie en 1999, era el soplo único que a la forma le daba. Joselito abrió la Puerta del Príncipe el 1997 tras presentar un monumento de obra de arte. O José Tomás. Cada hombre debe hacer lo mejor que pueda en su función asignada. Cuatro funciones de un torero: valor, dignidad, dominio de sí mismo y lealtad. El torero como hombre es el que no sufre los efectos de la pasión del miedo. La dignidad, la vergüenza, el torero jamás puede perder la compostura, pues se presenta en carne y hueso frente al toro y es la representación de sí mismo frente al público. El Juli y el dominio total de la técnica. El combate en el ruedo es una moral. El derecho a matar al toro se paga con el riesgo a morir en el ruedo. Sólo pueden ser toreros cuando se entregan con toda lealtad. Matar sí, pero frente a frente. Ser siempre el mismo, pase lo que pase.

El sabio epicúreo se satisface con poco, el placer físico y el espiritual. No hay buena corrida sin el placer de la discusión posterior. Nuestros mejores amigos nunca ven la misma corrida. La sensación de lo imposible, transforma lo imposible a lo posible, los toreros reúnen cualidades contrarias. Diferencia entre placeres en movimiento y placeres en reposo de la teoría epicúrea. A cada instante en el ruedo, el torero se pone en el sitio, pero con un leve giro en la muñeca, unos momentos de tensión se convierten en momentos de alivio, el miedo aplacado.

Estamos en un mundo en el que la perfección de la forma ha hecho desaparecer el peligro. Sentimiento de eternidad frente a la perfecta armonía. La más cruda realidad de la muerte con la belleza más pura. La tauromaquia construye placer con su cualidad contraria. Pero la mejor razón es que ¡Los toros nos gustan, llevemos a nuestros primos catalanes y gallegos! Somos todos los toreros juntos. ¡Sevilla, Sevilla! ¡Torero, torero!"


Pintura: Paco Sanz

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